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viernes, 13 de octubre de 2017

Ana Fuster Abbad

Ana enternecía, su mirada azul, cristalina, aportaba fuerza. Atesoraba una imagen clara de sí misma, así como de cualquier tema que se dejara debatir.
Su capacidad para solucionar cualquier problema, por difícil que pareciera, transmitía mucha seguridad, algo que contrastaba con su apariencia delicada, de mujer de gran impecabilidad.
Ana no perdía la sonrisa que aún con una mandíbula tiritante le aportaba carácter propio, así como una mayor expresividad y simpatía.
Ana afrontó muchas cosas en su vida, algunas de gran dificultad,
siempre estuvo con los suyos a los que aconsejaba y ayudaba con rotundidad.
La familiaridad de Ana era parte de su carácter, fuerte externamente y delicado en su interior.
No cabe duda que siempre me sentí parte de la familia gracias a ella.
Era fácil compartir con Ana cualquier pensamiento, cualquier idea se manifestaba sin tapujos, en una comunicación que era familiar en esencia.
Querida tía Ana, una vez me dijiste:-Verónica, quién te iba a decir que  a estas alturas ibas a encontrar una tía a la que le gustara el "riki"- A lo que te respondí con una mirada sincera de complicidad entremezclada con la alegría que sentía al estar a tu lado.
Tu recuerdo, Ana, pervive imborrable en nuestro corazón.
D.E.P

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