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domingo, 13 de agosto de 2017

Economía y turismofobia

Salvo honrosas excepciones, los libros de texto de secundaria tienen como objetivo justificar la aplicación de teorías explícitamente intervencionistas en el campo económico. Una  de las cuestiones que se repiten con mayor frecuencia es la de aproximar el concepto de escasez a las reiteradas necesidades económicas y materiales que afectan a las personas.

La escasez se define como universal y relativa, algo que ya desde los primeros temas de los textos de secundaria se le de un protagonismo excesivo. Llegando al punto de proclamar que, aunque la tecnología aumente, así como las posibilidades de usar mejor los recursos económicos, no hay rastro alguno de la necesidad de potenciar contextos creativos y de innovación que vayan parejos a las dinámicas de mercado. Más bien todo lo contrario, se defiende que el mercado es un mecanismo que permite alcanzar ajustes vías precio y cantidades, haciendo hincapié en un largo etcétera de imperfecciones que justifican la intervención estatal.

Esto por sí mismo ya supone una marca de adoctrinamiento, una huella en apariencia invisible de la realidad que perciben los alumnos y que muy seguramente les marque de por vida, y es que el mensaje no les puede llegar a ser más claro:

"La intervención estatal es algo que necesita la sociedad para compensar que, debido a la marginalidad y uso desigual de los factores  y medios de producción, así como a la exigua asignación de recursos, el mercado no genera más que desigualdades en magnitudes desproporcionadas, muy especialmente si lo compraramos con el mecanismos de intervención realizados por el Estado".

Es interesante, pues, ver, cómo desde una primera lección de Economía se puede desfigurar la realidad. Efectivamente la disponibilidad de recursos puede no ser infinita, si bien todavía lo es más que a partir de al libertad de mercado la fuente creativa de las personas puede llevar al descubrimiento de nuevas tecnologías, descubrimientos e innovaciones que pueden dar al traste con el tan ejemplarizante como restrictivo concepto de escasez de recursos. 

Las desigualdades de la renta, la provisión de servicios públicos, las externalidades negativas, son imperfecciones que justifican, según los textos, la intervención estatal, dejando a entender el omnipresente cuestionamiento a la dinámica del mercado que ya de por sí cuenta con mecanismos propios de ajuste para corregir las dificultades.

En el caso de la turismofobia es importante aclarar si ésta es o no efecto de la conciencia de escasez material. El hecho de que vengan turistas a la isla, que agoten los acuíferos, las reservas, el que contaminen, a cambio de una aportación material de su estancia que recae en manos de los capitalistas, es una aparente explicación de lo que sucede. 

Los turistas son parte de la economía balear, pudiéndose decir que son un agente económico más. Ésto, lejos de llevar a establecer una relación de dependencia, podría ser visto como una forma extraordinaria para potenciar la creatividad de la empresa privada. La abolición de las leyes que limitan el arrendamiento turístico podría conducir a una mejor aproximación de la capacidad de la isla para dar cabida a turistas, en su amplia mayoría, personas con capacidad adquisitiva que gozan de la isla de forma respetuosa.
El uso de los recursos por parte de estos no lleva a su agotamiento, las reservas pueden ser modificadas, las mejoras en la gestión del agua son posibles, no solo en época de apogeo turístico sino todo el año, sirva de ejemplo el desarrollo de plantaciones hidropónicas en el desierto del Sinaí. Los beneficios capitalistas que recaen sobre pocas manos podrían ser menos restringidas, algo que sin duda llevaría al potenciamiento de la economía, así como a una distribución del rendimiento de los recursos mucho más igualitario que el que se deduce de la política intervencionista del Estado.

Todo esto lleva a una teoría de aproximación a la realidad mucho más coherente, y es que los que defienden el intervencionismo, que se manifiesta en las restricciones del alquiler turístico, así como el número clausus de plazas hoteleras, necesitan un enemigo externo, el turista, con el que despistar a sus seguidores, votantes bienintencionados, ante la inoportuna restricción de mercado que favorece a las grandes empresas del sector, o sea se, a los capitalistas anti liberales.

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