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sábado, 17 de junio de 2017

469

469 ha sido el número de enunciados de los exámenes de selectividad solicitados por parte de los alumnos que con esta prueba inician una nueva etapa que les abre la puerta de acceso a cualquier Universidad de ámbito nacional.

Es un hecho ya numéricamente corroborado que estamos sumidos en una dinámica de exclusión del español. Con esta cifra se demuestra la  prácticamente nula capacidad que tienen los alumnos para ejercer el libre derecho de elección de lengua de expresión. Algo que tiene como reflejo esa cifra, 469, que es un marcador del deterioro del español que indudablemente está en minoría como lengua de expresión en la enseñanza.

Es importante discernir entre lo que debería ser una posición ideológica, sometida a debate fuera de las aulas, de lo que en realidad conviene a los estudiantes.

Marginando una lengua como el español no se consigue más que alcanzar un propósito que alimenta posiciones ideológicas con las que configurar a futuros votantes, sometiendo a un escaso o nulo margen de maniobra a todo aquel que quiera hacer uso de la libertad de expresión.

No olvidemos que el catalán es una lengua que no se enseña utilizando una metodología propia de otras lenguas, como el español, el inglés o el francés, por poner un ejemplo, optando por una clara insistencia en interpretaciones propias de la historia y valores culturales incluidos en la parte de ámbito sociolingüístico, algo que claramente configura la mente de los alumnos y sus ideas políticas de futuro.

El derecho constitucional a la libertad de expresión no sólo incluye aspectos relacionados con las ideas, los pensamientos, ideologías o creencias, sino que también debería abarcar la libre elección de la lengua oficial que para la comunicación se elija.

La normalización lingüística ha tenido una trayectoria que ha dado sus frutos, llegando a crear un ámbito de exclusión del castellano, 469, que hoy en día está claramente excluido, poco o nada considerado en el ámbito educativo.

La ideología que impregna al sector es la primera y última razón por la que se produce esta situación de marginación, de restricción a las libertades, de subyugación de la lengua a un territorio. Las ideologías, el adoctrinamiento, sea cual sea su manifestación, deberían estar fuertemente prohibidos en la educación, con los jóvenes y su futuro, no se juega.

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