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domingo, 20 de noviembre de 2016

Reflexión sobre Liderazgo educativo

La gestión actual de gran parte de los centros educativos está expuesta a serias dificultades. La comunidad educativa está formada por personas que tienen ideas diferentes acerca de lo que es un buena gestión. El liderazgo integral de la persona que asume el reto de una directiva ha sido hasta la fecha un factor poco definido, llevando a situaciones donde la voluntariedad de asumir el cargo ya resultaba suficiente para conformar a la comunidad educativa, muy especialmente al profesorado.
Hay pocos profesores en los centros que están dispuestos a asumir el reto de de dirigir a través de un grupo o equipo a un colectivo tan extenso. La sociedad cada vez exige más y los padres, afortunadamente no es todos los casos, pero sí en gran medida, se ven un tanto superados a la hora de orientar a sus hijos, de forma que su futuro esté asegurado o al menos dirigido, asesorado adecuadamente.
Los estímulos a nivel económico considero son necesarios, es una parte más de los incentivos que pueden llevar a motivar a los profesores a asumir un mayor número de responsabilidades de lo habitual. Sin embargo, no considero tampoco del todo aconsejable que este estímulo económico sirva de excusa para ejercer un cargo directivo, pues la implicación de una directiva no es algo que sea medible exclusivamente en términos económicos.
Los profesores, en líneas generales somos vocacionales y nos reconforta mucho el reconocimiento, el que nuestra dedicación tenga un resultado, más que un efecto medido estrictamente en términos económicos.
También es cierto que la profesionalización de un cargo supone también guardar alicientes, que se sumen a la motivación e implicación, en la educación de los alumnos y en la aportación social que es lo que un líder necesita transmitir desde un comienzo al conjunto de la comunidad educativa.
Saber reconocer quién es un líder es una tarea muchas veces difícil en el ámbito educativo, hay muchas veces barreras internas que hacen que el profesor quiera pasar desapercibido, los centros son pequeñas células que tienen una visión propia de la convivencia, y no suelen tener mecanismos habilitados para reconocer si hay alguien que está en condiciones de asumir un reto de dirección.
El ambiente lleva más a la igualdad de los cargos que  al impulso por asumir nuevas competencias y liderar nuevas visiones con las que implicar al resto de los profesores y de la comunidad educativa.
Hay también algunos centros donde los cargos directivos llevan tantos años que no están motivados para aplicar nuevas ideas, proyectos innovadores, llegando incluso a confundir el liderazgo con una labor de gestión burocrático administrativa que, aunque muchas veces sirve para poner un aparente orden, acaba minando la creatividad que es intrínseca a la labor docente.

Sin duda no es fácil resolver los problemas en la gestión del centro, que a veces tienen determinados grupos de presión que buscan reducciones horarias y ventajas en participación de proyectos o comisiones pedagógicas, sin más intención que la de tener acceso a un trato privilegiado.

Un liderazgo integral supone ser conocedor de todos los inconvenientes y obstáculos que hay que reconocer para ser superados. Un liderazgo educativo es una tarea árdua que también tiene su gran recompensa, no sólo en términos de trayectoria profesional o académica, o estrictamente económica, sino como forma de dejar un legado que vaya más allá de la estructura y que sirva a los fines que fructificarán en un alumno orgulloso de pertenecer  un centro educativo que haya contribuido a su desarrollo perfectivo y al bienestar de la comunidad en general.





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