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lunes, 10 de octubre de 2016

La conjura de los perversos

La violencia, el daño físico o mental por el que alguien se siente humillado, ofendido y muchas veces psíquicamente afectado, es un hecho constatable en diferentes situaciones de la vida cotidiana.

El bullying escolar que tiene recientemente un notable impacto en los medios obecede a una dinámica social, en diferentes esferas, que sale ahora a la superficie a través de los niños. Esta situación con su corrección, ofrece la posibilidad de abordar un reto, una oportunidad para ir a la raíz y cambiar el conjunto de la sociedad, concretamente la dinámica perversa que domina gran parte de las relaciones sociales.

Es digno de admiración que hoy en día estemos todos preocupados con los casos de violencia escolar, cuando una escucha noticias de este tipo se le pone la carne de gallina y un nudo en la garganta con solo imaginar el calvario por el que deben pasar los padres e hijos aterrorizados, presas del ataque del que han sido objeto.

Es indudable que la escuela y los hechos de violencia que allí se dan, necesitan un seguimiento e implicación que desmotive a los acosadores para dejar de acaparar el protagonismo con el que se apoderan del grupo a través de actos de violencia y agresión hacia sus víctimas.

Esta situación es inapropiada, perjudicial e inmoral pero lo es más aún no analizar el origen y alcance de este tipo de violencia que se ciñe al conjunto de la población.

En las instituciones hay casos de violencia, violencia verdadera que roza la barbarie del terror psicológico y amedrentamiento personal, esto ocurre por doquier, en los centros educativos, hospitales, en las instituciones, en las multinacionales, sin que llegue a tener una repercusión mediática explícita.

Toda violencia es manifestación del mismo patrón perverso, tiene un mismo comienzo y un mismo final que no es otro más que la practica del descrédito, del abuso y del tormento con el que unos vulneran a niños, otros a profesionales, a modo y manera que les resulta conveniente y rentable en términos de poder.

Resulta conveniente poner unos buenos cimientos, implicarnos toda la sociedad y reconocer que la violencia se da en el ámbito domestico, en el familiar, social y laboral de la misma forma en que se ha experimentado en el caso dado a conocer por los medios y que lamentablemente no desentona con el contexto.

La violencia es, pues, un recurso que no es solo físico sino que puede dejar huellas de gravedad y en apariencia invisibles a la vista en las víctimas, de ahí que sea usada de forma habitual para la promoción y superioridad pseudomoral de los que se entienden ganadores a través de la victimización y el ejercicio del abuso de poder.

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