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viernes, 12 de agosto de 2016

Faltan directores

faltan directores
Liderazgo pedagógico del directivo escolar


Hay un claro vínculo entre el funcionamiento, organización y aspectos educativos de calidad de un Centro con la labor del director, que ejerce un papel decisivo como líder pedagógico y educativo. El reconocimiento de esta figura en España, junto a otros países incluyendo Grecia y Portugal, donde la dirección está más lastrada por la subordinación burocrática, no está equiparado completamente al mismo cargo en otros países más avanzados, como son Reino Unido, Finlandia y Bélgica, donde la labor educativa de liderazgo cooperativo está mucho más desarrollada.

En el contexto económico y social actual, no se puede considerar un idealismo inalcanzable que el director desempeñe algo más que un cargo en la jerarquía burocrática o administrativa, mostrando capacidad para estar al servicio de la comunidad mediante el desarrollo de una vertiente carismática que refuerce el apoyo, la motivación y la organización de los recursos que facilitan la implicación del profesorado con sus alumnos.

El procedimiento actual de selección de directivos está siendo mejorado, no en vano captar a los mejores profesionales redunda en beneficio de la institución y de la comunidad educativa en el sentido más extenso del término. Un director que tenga facultades, habilidades personales, profesionales y de desempeño en la labor docente, pedagógica y de gestión, permite equilibrar las situaciones familiares o de contexto social que tienen influencia directa en el rendimiento de los alumnos. Esto es así, hasta el punto que si los alumnos no se benefician de la calidad educativa, podrían entrar en una dinámica de abandono escolar, que lamentablemente en España está muy por encima de la media de otros países de la UE, un 26.5% frente al 15% de media de los países de la UE.
La capacidad de contar con mecanismos de ajuste de los recursos a las necesidades de un Centro, la detección de necesidades, la previsión de las mejoras en la cualificación del profesorado, así como el desempeño de un liderazgo carismático y colaborativo, son todo ello factores determinantes de lo que se entiende como una educación de calidad a la altura de los tiempos actuales.
El limitarse a considerar que el director es una figura eminentemente burocrática, con un papel poco dinámico y escasamente reflexivo, limita la introducción de mejoras que permitan ajustar las necesidades de los alumnos a la complejidad de la dinámica social en que vivimos.
La educación está integrada en el sector servicios, es un motor de crecimiento económico que necesita incorporar mejoras y actualizarse de forma eficiente mediante la aplicación de mecanismos y nuevas estrategias que favorezcan el aprendizaje de todos los miembros de la comunidad educativa. Este carácter innovador es lo que permitirá adaptarnos y, en la medida de lo posible, adelantarnos a la evolución futura de las necesidades formativas de los alumnos.

La globalización social supone también un desafío de primer calado, en la medida en que la movilidad de los alumnos, la incorporación de los mismos a la realidad económica y laboral, así como el desarrollo de nuevas formas de proceder en entornos cambiantes, son favorecedoras de la adaptabilidad y una nueva visión de conjunto de la calidad de la enseñanza.

Los cambios que están por venir en nuestro país, máxime siendo uno de los países integrantes de la OCDE, requiere de avanzar hacia la superación de los mecanismos arcaicos y tradicionales que nos impiden equipararnos a la figura del director de otros países. Esto es así,  hasta el punto que ser líder requiere de una implicación en diferentes ámbitos, como son la asignación de recursos, la transparencia informativa, la detección de necesidades formativas, la capacidad de toma de decisiones democráticas, el dominio de la asertividad, la negociación y las facultades que en términos generales definen a un buen administrador. Todo esto requiere de una formación profesionalizada de los cargos directivos.
Las mejoras en la detección de las habilidades directivas son las que contribuyen a mejorar la calidad educativa, de hecho, los actuales mecanismos de seguimiento de la calidad procedentes del sector industrial han dado un escaso resultado, favoreciendo la creación de mecanismos de supervisión productiva que poco o nada tienen que ver con el cometido final de la educación, máxime teniendo en cuenta que el desarrollo de la burocracia de supervisión no contribuye a la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje ni del dinamismo institucional.  
La aparatosidad del mecanismo burocrático que se instala en muchos Centros no revierte de forma significativa en un liderazgo educativo a la altura del siglo XXI. Suponer que los entornos educativos necesitan de mecanismos de supervisión tan exhaustivos hacen al sistema uniforme a la vez que complejo, lo que dificulta su necesaria adaptabilidad y refuerzo de los aspectos motivacionales que necesitan los alumnos.



El liderazgo pedagógico del director es en definitiva parte esencial de esa mejora, pues es una figura determinante para el avance y consolidación de la calidad que revierte de forma positiva en la adaptabilidad y capacidad de reacción de todos los profesionales al servicio de la educación.

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