UA-90567886-1

viernes, 6 de mayo de 2016

Mitos de la enseñanza (I): competitividad y mercado

A pesar del desprestigio con el que se culpabiliza de todo lo incorrecto al pensamiento liberal, fue Adam  Smith en el siglo XVIII quien propuso que la escuela fuera una institución dedicada a la formación cultural de la población, con independencia de las necesidades del mercado laboral.
Esta ocurrencia se hizo manifiesta en un proceso de industrialización que unido a los procesos migratorios hacia las urbes, llevaba consigo un ambiente de creciente explotación, al poner al hombre al servicio de la maquina.

Adam Smith, como pensador liberal impulsó la idea de vincular la escuela a una elevación del nivel cultural de la sociedad, promoviendo su ampliación de conocimientos al margen de las necesidades estrictamente laborales de la época. Es curioso que hoy en día se atribuya a ese mismo pensamiento liberal la pretensión de que la escuela y todo el proceso educativo ha de girar en torno a la creación de un individuo sometido a las exigencias del mercado laboral.
Esto es así, hasta el punto que los ajustes normativos actuales, se ven rechazados ya que se percibe que la competitividad no puede ser motor que contribuya al rendimiento de un sector importante de la población que puede acceder a una formación que promueva la ocupación y activación del tejido productivo que a su vez impulse el crecimiento y la progresión social en ascenso.
Competencia es sinónimo de aptitudes, de virtudes encauzadas hacia la producción que no se relacionan con la explotación del siglo XVIII de la era de la industrialización, si no de la capacidad organizativa que convierte al individuo en un experimentador de sus posibilidades y aplicaciones académicas. La sociedad ha manifestado un cambio notable, se ha abierto a un dinamismo que no tiene por qué ser enfermizo, pues a través de la competitividad se establecen también alianzas de cooperación que encaminan a la sociedad con su técnica a una apertura y aumento del bienestar.

Ser competitivo no supone un rechazo a la libertad del individuo, puesto que todo conocimiento puede ser dirigido a la aplicación de ideas que generen riqueza y que acaben con el "statu quo" que insiste en el desprestigio de la progresión social en ascenso que se sirve del mercado laboral para ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario