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domingo, 29 de mayo de 2016

Lo esencial es invisible a los ojos

El sistema educativo está sujeto a muchos cambios en la actualidad, el acaparamiento del sector por parte de procedimientos burocráticos uniformes deja recluido al profesor en una situación de profundo menosprecio relegándolo al papel de mero autómata.

Los cambios a softwares complejos, las restricciones de papeles escritos, los pormenores de las infinitas e innecesarias tareas burocráticas podrían ser vistas externamente como algo favorable para la organización de un centro, lo que interiormente genera desánimo y desconcierto al constatar la más que evidente falsedad que dirige el proceso:

Las calificaciones están hoy en día sujetas a una variedad de criterios que siendo fijados de forma orientativa por el profesor de la materia a comienzo de curso, momento en que todavía se desconoce la capacidad y esfuerzos del grupo de alumnos, no pueden ser modificadas bajo ningún concepto ni por él mismo, pues aunque repercuta positivamente en la forma en que el profesor considera lo correcto y ajustado a una valoración global, el tener un documento escrito, por muy general que éste sea, podrá ser utilizado como si fuera un contrato privado o una ley para ajustar los resultados en conformidad a lo que se considera un anhelo encubierto por favorecer inmerecidamente algunos casos particulares.

Sirva de ejemplo el caso de un médico que considera introducir un cambio en la aplicación de un tratamiento ¿estaría este profesional haciendo algo incorrecto o adecuado para el paciente? De la misma manera que este profesional considera que el cambio está basado en su criterio y experiencia interna, el profesor es sabedor de los criterios que ajusta, pues es quien sabe que el cometido prioritario que conduce la enseñanza es el de constatar que superar una asignatura no es sólo cuestión de una u otra nota numérica, sino el de contribuir a la mejora de las aptitudes de sus alumnos, como son el esfuerzo y  la capacidad de superación.
La conformación de este nuevo modelo de sistema educativo se dará por incumplido cuando se recupere el prestigio de un profesorado que se libere de la visión tecnocrática y alienante que externamente sugiere algo que por ser tan esencial resulta invisible a los ojos, y es que internamente repercute en algo nefasto y alienante que daña la visión global de la función docente y a medio corto plazo a la progresión ética de sus alumnos.

La forma de recuperar ese prestigio es la de abandonar la supervisión basada en esas confianzas, pues el éxito de la enseñanza recae en el abandono de un sistema burocrático que va en contra de su propia naturaleza y liberación efectiva.

1 comentario:

  1. La juventud va a terminar haciendo sus carreras en el polideportivo.

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