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sábado, 21 de mayo de 2016

Lenguas en guerra

"Conflicte lingüístic", "llengua dominant", "tensió", "imposició", "llengua forastera", "llengues superiors", "hegemonia política" y "territori  propi", son todos elementos de un subterfugio defensivo, en apariencia alimentado por el sentir de alguna gente que considera que sus derechos se extinguen ante el riesgo de ver mermado el uso de una lengua propia en un territorio al que hay que defender de todo elemento externo de dominio. 

El rechazo a este lenguaje belicista es oportuno, hay algo notorio y evidente que seduce al combate, a la ofensa que proviene del dominio de una lengua llamada forastera (?). Es algo reflejo de un proceso interno por el que hay gente que se siente invadida, perjudicada al acontencer la aproximación de otras culturas, que sólo por tener procedencia externa se consideran invasivas y destructivas, como curiosamente se suele decir de las sectas. 

La agonía que se refleja en este tipo de textos, utilizados en libros de secundaria de la lengua catalana, es conducente a una seria discriminación lingüística que refleja el intento de dominio de una voluntad que se sitúa con autoridad a la vez que a la defensiva (?). 

Es marca notoria de algo reprobable, el situar a un enemigo en la línea de combate, que asimila la negatividad de causar un conflicto que es ajeno a su voluntad, pues el castellano parlante no es consciente de que su naturaleza cultural sea algo objeto de combate, si no un aliciente bidireccional para valorar la apertura, la internacionalización, la liberación de algo que con el transcurso del tiempo ha sido un proceso natural que no refleja una hegemonía, si no una determinación y decisión a favor de quien usa la lengua y no la desfigura con vocación de generar daño ni afán discriminatorio.

Las variedades lingüísticas en un territorio muestran un enriquecimiento cultural demostrable en el sentido de que la apertura cultural es fuente de motivación y apertura ante nuevas posibilidades reales que no obedece  a ningún debate ni conflicto, más bien todo lo contrario. 

La recriminación de que hay disparidades en el uso de las lenguas es una causa que da fuerza a la vez que motiva el conflicto que tiene como asociación de ideas la de controlar o al menos "normalizar" a un enemigo frente a un ataque intrusivo, propiciando para ello una relación de avasallamiento cultural cargado de una intolerable credibilidad. 

Los territorios de dominio no existen, de la misma forma que los usos de los idiomas diferentes no obedecen a ninguna ofensiva

No olvidemos que la articulación del lenguaje es algo reconocible en los seres humanos y que sólo el carácter de cada uno, con independencia de si es catalán, finlandés o castellano parlante, es lo que puede conducir a un conflicto relevante, de hecho, las lenguas llevan al entendimiento de la gente, sin necesidad de oprimidos ni opresores. 

La salvaguardia del territorio es marca indeleble de quien se dirige de forma intolerante a generar un conflicto de ideas en un entorno político que es aconsejable evitar, pues sería lamentable llegar a apreciar disconformidad con una lengua tan destacada y adorada como es el catalán, al dejarse llevar por estas fuentes informativas que son irrespetuosas con la cultura y con los muchos que defendemos la capacidad de entendimiento positivo que nace del uso libre de todas las lenguas.

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