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viernes, 4 de marzo de 2016

Sobre el fracaso escolar, parte (I)


El fracaso escolar es un hecho que necesita una aportación desde diferentes enfoques que permitan tratar el tema de forma organizada. La visión de conjunto de las Islas Baleares, su sistema educativo, las necesidades formativas de la población, todo esto ya ha sido objeto de medida con la finalidad de aportar algún dato que ponga luz a la preocupante situación. La diversidad normativa es un claro ejemplo que refuerza la negatividad a la hora de aplicar cambios en una comunidad educativa que no resuelve con éxito alcanzar un consenso, en gran medida ante la escasa convicción y poco poder de negociación de los colectivos implicados.
La diversidad normativa viene protagonizada por diferentes ideologías, que marcan de forma compleja lo que en realidad es una necesidad encubierta de marcar ideológicamente y repartir cuotas de poder en el sector educativo, sin llegar a marcar ningún dato significativo que explique la desproporción estadística del fracaso escolar en la actualidad. 
La situación económica de los últimos años ha sido el desencadenante que ha mostrado con más evidencia la necesidad de los estudiantes de implicarse positivamente en un ajuste formativo que les de esperanza en el mercado laboral, terreno donde ha habido cierta sensación de arbitrariedad, de poca necesidad formativa, de que el éxito académico no iba necesariamente en sintonía con una buena proyeccion laboral y un buen sueldo.
La diversidad normativa desde los años 70 hasta la actualidad ha ido aportando pequeños cambios, que han dado con un ajuste organizativo en el ámbito de cada centro, ajustando la autonomía  a las necesidades formativas de la población cercana. Este hecho marca que se hable de algo que hasta ahora ha pasado bastante desapercibido, algo que estaba desajustado, pues la visión de los centros estaba vinculada a una realidad poco adaptada a las necesidades poblacionales y la evolución del mercado laboral, asi como a su consiguiente necesidad productiva, y es que la micropolítica educativa ha estado marcada por un escaso grado de implicación de las directivas que venían siendo gobernadas, lideradas por profesores que no le daban la importancia que tiene al sector y que se implicaban de forma escasa en marcar su poder de negociación con la administración.
Las directivas en la actualidad tienen como responsabilidad reducir la tasa de abandono escolar, algo que sucede en la actualidad y que refuerza el desajuste entre la realidad escolar y la vida fuera del ámbito de la enseñanza. 
El fracaso escolar es un hecho que evidencia la necesidad de implicarse de las directivas, que mediante la activación de sus recursos humanos, los profesores, pueden crear el ambiente que más allá de las diferentes visiones ideológicas, confirmen el protagonismo de un sector implicado en el día a día de su alumnado.

3 comentarios:

  1. Muy buen comentario. Muy claro, preciso y aportando ideas nuevas. Dando importancia a algo que, realmente, la tiene, es decir, a la responsabilidad de los directores y sus equipos de parte del fracaso escolar.
    Creo que, hasta ahora, todo el mundo hablaba de nuevas leyes y de las actuaciones de ministerios y consellerias, pero nunca nadie había acercado la lupa a las directivas de los centros. Que, desde luego, comparten responsabilidades.
    Deberían tomar nota en bien de la educación, y por tanto, de todos.

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  2. Me parece un discurso muy cercano y que nos llega a los padres. En muchas ocasiones desde los centros escolares nos responsabilizan al cien por cien del fracaso escolar de nuestros hijos, del bajo nivel de estudios e incluso de la desmotivación que tienen. Por supuesto las directivas tienen que asumir sus responsabilidades y crear ambientes adecuados para la diversidad de alumnos que asisten a sus centros.

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