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lunes, 22 de febrero de 2016

El profesor de Secundaria

Un profesor de secundaria tiene la virtud de potenciar la capacidad de iniciar a los alumnos en un aprendizaje exclusivo de una materia que el profesor domina a la que se entrega con vigor en su día a día. La seguridad que él siente en su cometido anima al alumno que al manifestar su voluntad inicia un camino que para muchos es considerado un contrato evidente y exclusivo para incorporar nociones y conocimientos claves de una materia. El dominio de lo aprendido está en coherencia con la elaboración del profesor que se adapta para favorecer el aprendizaje mostrando su competencia en la materia y dejando ser superado cuando se marca el momento necesario, pues el altruismo es vocacional, la manifestación clara de su voluntad  con el que en algunos casos se despierta también la vocación en el alumnado.


El profesor puede entablar amistad con los alumnos sin que esto contravenga que en algunos casos puede resultar nociva, pues asumir el aprendizaje supone marcar una distancia por la que no se vulnere la imagen del profesor, que sin necesidad de entrar en el campo afectivo del  alumno puede comprender sus puntos de vista, su situación personal sin motivar que eso tiene por que dar pie a una amistad. La imagen del profesor-amigo está en claro conflicto con un aprendizaje y compromiso responsable, con la voluntad de dirigir su educación, pues en más de una ocasión, el profesor necesita reconducir la conducta de algún alumno que puede influir de forma negativa en su evolución futura. Eso es un acto responsable que acompaña el aprendizaje como acto de marcado respeto y transigencia por una influencia que es significativa para el alumnado.
El profesorado en general, con independencia del nivel educativo, siempre ha contado con el apoyo por parte de padres y compañeros que han sabido apoyar su forma de proceder sin cuestionar que su comportamiento es tan sincero como correcto. Esto supuso la apertura a una educación real, a un avance en la materia al comfort de poder aportar no solo contenidos curriculares sino el aprecio por el saber estar, el saber tratar de forma respetuosa a una persona que se implica en un proceso elaborado de conducta por el  que se haga su aportación en la enseñanza más significativa si cabe.
El entablar amistades en pie de igualdad con mensajes, redes sociales y conversaciones de accesibilidad son actitudes que contravienen la evolución futura del adolescente en la medida en que  se fortalecen en muchos casos confidencias que no corresponden hacer ni entablar con otras personas que no son de su edad, pues los profesores son profesionales que necesitan de cierta distancia que les permita conservar el respeto y la admiración que  impregnará a sus alumnos de sabiduría y buen proceder ante la vida.

2 comentarios:

  1. Un profesor que necesita la amistad y el compadreo de sus alumnos, ¿no está, en realidad, mostrando su incapacidad para ganar su respeto? Y lo que es más grave, ¿no es este comportamiento una manipulación interesada para ocultar inseguridades personales o falta de capacidad docente?

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  2. La amistad y el compadreo suele ocultar una percepción de la realidad donde se marca de forma evidente que el docente desvirtúa algo de su belleza original, pues asegurar que la transigencia refuerza la amistad en el contexto educativo es algo irresponsable que subordina al alumno a una sensación interna de incomodidad y exceso de confianza que experimenta como un condicionante que le compromete de forma exclusiva con la visión de un adulto. La implicación en la enseñanza requiere de profesionales sanos, que se realicen vocacionalmente partiendo de una distancia traducible en respeto, ejercicio de las funciones docentes, pues las carencias afectivas de quien sugiere una implicacion emocional desmedida suele acabar perjudicando a quien se siente en cierta medida violentado, ya sea el alumno-amigo ó los que se ven excluídos por agravio comparativo. Las razones ó motivos de enfocar la necesidad de ser un profesor-amigo-colega son de gran diversidad, pues los padres a veces se resignan a dar a esta figura el protagonismo como forma de evitar su propia sensación de disconformidad en la educación de su hijo, lo que les relega en una situación algo desajustada y de falta de acercamiento afectivo, algo que resulta exclusivo y conveniente mantener en vínculo por parentesco.
    La necesidad de un sector docente de recurrir a este tipo de acercamiento puede obedecer a miedos, conflictos internos, juicios valorativos adversos...la variedad de la casuística es extensa, pero lo realmente convincente es la evidencia de que el alumno puede verse apoyado sin que eso marque un trato de exclusividad afectiva, aparentemente inofensiva pero que le desequilibra de percibirse a sí mismo, así como de valorar a sus semejantes en pié de igualdad.

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